Me encontraba haciendo una conferencia en uno de los múltiples salones de actos del colegio internado. Estaba muy nerviosa y mis palabras no eran fluidas. Mi público, mis aproximadamente 70 compañeros de curso, me miraban con aburrimiento salvo un grupo reducido de personas las cuales ponían muecas de rabia y desaprobación. Eran los macarras del colegio y no me tenían en mucha estima.
Al finalizar la conferencia, dejé paso a otro de mis compañeros, saliendo por la puerta principal del salón. Decidí relajarme un poco en uno de los salones cerca de la torre del campanario, un bonito y poco iluminado habitáculo forrado de madera, que servía por las noches como cafe-bar. Mientras estaba sentada en uno de los sofas, escuchaba las conversaciones del pasillo exterior, hasta que una de ellas llamó mi atención. Era el grupo de macarras, que hablaban de algunas “bromas inocentes” que habían hecho a los novatos, mientras se reían con malicia y hacían comentarios desagradables.
Aburrida de escuchar a escondidas, me acerqué a la tarima principal de la sala y vi un piano de cola negro. Pensé en sentarme a tocar, pero justo cuando estaba delante del teclado, parecía que había olvidado como se tocaba: la posición de las manos, el movimiento de los dedos y sobretodo, la multitud de canciones que tenía aprendidas. Era incapaz de tocar varias notas seguidas. Al escuchar el piano, el grupo de fuera dejó de meter ruido; era la única pianista del internado, así que pensé que debían saber que era yo y que estarían tramando alguna broma macabra para hacerme, así que me levanté rapidamente y salí por la puerta trasera que llevaba al campanario. Tal y como salía por la puerta, escuché la abertura de la puerta principal del salón: habían entrado a buscarme.
Era la hora de salir de las clases, luego la gente empezaba a acumularse en los pasillos. Había varias formas de llegar a las habitaciones, por varios pasillos interminables y escaleras de caracol. Comencé a correr por los pasillos escuchando las voces de estos individuos y sintiendo sus pisadas en mis talones. Recorrí varios pasillos y escaleras hasta llegar a algunos corredores sin salida y tener que volver sobre mis pasos, con el corazón en la garganta… conseguí acceder a uno de los pasillos principales y mezclarme con la gente sintiéndome mucho más segura, hasta que me encontré con alguien que se interpuso en mi camino impidiéndome llegar a la habitación…
24/09/2009 at 8:46 Permalink
la persecución ha marcado toda la línea argumental del sueño… dicen que soñar con una persecución está muy vinculado al pasado, suele hacer referencia a un conflicto pendiente (sentimiento de culpa, una obsesión o incluso falta de sexo) que hasta que no resuelvas no te permitirá seguir avanzando…
la otra noche también tuve un sueño extraño, pero en ningún momento me llegué a sentir amenazado:
el sueño arrancaba en una habitación de color blanco donde había varias máquinas que tenían pinta de ser como impresoras o fotocopiadoras industriales, con su bandeja de entrada, un montón de botones, etc.
estaba con algunos compañeros de clase (con los malos), unos se encargaban de una cosa, otros de otra, el caso es que estabamos todos muy concentrados…
yo me encargaba de recoger las copias, eran copias de tamaño pequeño, como si fuesen billetes de lotería que la misma máquina dejaba casi recortados. yo terminaba de recortarlos y los agrupaba en fajos. aunque no me daba cuenta, lo que estabamos haciendo era falsificar dinero…
después caí en la cuenta de que no debíamos de estar haciendo algo bueno cuando nos marchamos de noche a un callejón oscuro, y en un rincón escondimos en dinero, ocultándolo bajo unas telas y poniendo encima otros fajos de otras copias que nada tenían que ver con dinero
amaneció el nuevo día, en la universidad, en el campus san francisco, con un montón de estudiantes jóvenes yendo y viniendo. yo paseaba con un grupo de amigos, había varios charcos por el camino (unos más pequeños otros más grandes) y a una de las chicas le pregunté si a ella también le gustaba saltar sobre los charcos, me dijo que sí
así que nos pusimos a jugar, saltamos sobre los charcos, el primero que pisé era un charco chiquitín pero el agua salió dispara hacia los laterales, fue un buen salto (puntuación: 7.2). pero no eran charcos de aguas cristalinas, sino de aguas muy turbias, casi negras (quizá por el asfalto y todo lo que llevan las ruedas de los coches); eso no suele ser una buena señal en un sueño (aguas turbias y estancadas)
el último que decidimos saltar era un charco que se había formado dentro del cuadrilátero donde debía de estar plantado un árbol, pero no había árbol y el cuadrilátero se había llenado de agua. el espacio era lo suficientemente grande como para que pudiesemos saltar los dos a la vez
a la de tres, saltamos!
el charco parecía profundo y lo era. saltamos y nuestros cuerpos se hundieron en las aguas turbias hasta cubrirnos por completo, no llegamos a tocar fondo, era más profundo todavía
estabamos junto a un hospital, ibamos a entrar dentro. al salir del charco, la ropa nos pesaba un montón al estar mojada, pero en cuestión de segundos se seco…
el hospital tenía cuatro plantas, la 4ª planta la habían donado para hacer filmaciones de películas y series ambientadas en hospitales. el resto de plantas funcionaban con normalidad, atendiendo a pacientes.
* * cambio de escena * *
la policía seguía la pista de los falsificadores de dinero, de modo que nos hicieron recontar los fajos que teniamos en el callejón. el dinero falsificado estaba cubierto por una tela, bajo fajos auténticos, de modo que delante de los policías no podiamos descubrir el dinero falso para recontarlo
nos pidieron que cada uno de los cuatro que estabamos contando el dinero anotase el numero de serie de cada fajo… así que entre los cuatro fuimos improvisando números de serie al azar, nos mirabamos unos a otros, pero sabíamos que hicieramos lo que hicieramos, tarde o temprano se iba a descubrir el chanchullo que habíamos montado
a las personas enfermas o heridas no las podian meter en la cárcel, así que para evitar un arresto, tras el recuento fuimos al hospital fingiendo heridas y dolores que realmente no existían
yo fingía que tenía una horrible herida en medio del pie, por dentro. la enfermera que me atendió, se tomó su tiempo en explorar la zona y al rato descubrió el engaño, asó que se limitó a empapar un algodón en mercromina y pintarme de rojo la planta del pie
un poco avergonzado por haber sido descubierto en el engaño, como un tonto, me marché de la planta por las escaleras… si tienes mal el pie, no sería más normal que cogieses el ascensor ¿? pues no, como un machote bajé andando por las escaleras de emergencia
las escaleras eran un poco raras… cuando “entré” en ellas, era un hospital, de día y las bajaba, pero mientras las recorría terminé: en un piso con la barandilla de color blanco, un poco antiguo, y subiéndolas… iba a casa de mis tíos, se terminó de hacer de noche y abrí la puerta del piso, avancé por el pasillo, abrí la puerta del salon y allí estaban ellos
miraron hacia la puerta que se abría, hablaron algo, yo les contesté, y como estaban acostados medio dormidos, guardaron otra vez silencio sólo roto por algún comentario referido a lo que estaban echando por la tele. como era tarde me despedí de ellos y al marcharme por la puerta sólo escuché que murmuraban algo…
pero cuando me marché de su piso me empezaron a casar todas las piezas: yo no existía, era un fantasma!
mis tíos realmente no hablaron conmigo, sino que el diálogo que tenían entre ellos coincidió con mi llegada a su piso y me dio la sensación que estaban hablando conmigo, pero para ellos pasé desapercibido por completo. lo que murmuraron, las miradas hacia la puerta, etc. sólo eran miradas y palabras de sorpresa ante una puerta que se abría misteriosamente…
bajé por las escaleras y desperté…
24/09/2009 at 17:10 Permalink
Wou, menuda ida de pinza xD, a mi me ha gustado la parte de que tienes una herida en la planta del pie xD, no había zona más fácil de ver que esa para fingir una dolencia, jajaja. Saludos!!